Por Roberto Murakami, VP de las unidades de negocio de Telecomunicaciones y Redes de NEC en América Latina
Publicado originalmente en Medicina S/A
Las instituciones de salud que se destacan en el uso de la tecnología y en la aplicación de estas herramientas en la atención a sus pacientes ya han demostrado a la sociedad que los nuevos tiempos exigen soluciones innovadoras. Desde la telemedicina hasta la robótica aplicada a la práctica quirúrgica, el sector de la salud en Brasil está viviendo un avance sin precedentes. Ahora es el momento de cosechar los beneficios de la integración de los datos clínicos digitalizados, que permiten, de forma segura, la interoperabilidad entre los sistemas públicos y privados.
Uno de los avances en este ámbito es la creación de la Red Nacional de Datos en Salud (RNDS), responsable de integrar información clínica entre unidades públicas y privadas. Según el Ministerio de Salud, más del 80% de los estados y el 68% de los municipios brasileños ya están interconectados a esta red. Sin embargo, el gran desafío sigue siendo la estandarización y la integración de miles de sistemas municipales y privados, lo que limita el intercambio pleno de información en tiempo real.
Uno de los objetivos de las empresas y de los organismos públicos de salud es permitir que cada ciudadano cuente con una historia clínica electrónica completa, accesible para médicos, enfermeros y demás profesionales autorizados en cualquier unidad de atención. Esta integración reduce la repetición de exámenes, agiliza los diagnósticos y aumenta la seguridad clínica al ofrecer una visión unificada del historial del paciente.
La interconexión de datos entre todos los organismos de salud, que permite a los pacientes y a los profesionales del área un tratamiento aún más eficiente, se hace evidente en casos de enfermedades más graves, como el cáncer. Un diagnóstico temprano y un tratamiento más rápido, por ejemplo, pueden representar una probabilidad de curación del 90% para el paciente, de acuerdo con una investigación realizada por el Instituto Nacional del Cáncer (INCA).
Hoy en día, la tecnología es una gran aliada de la salud. Un estudio de la Anahp (Asociación Nacional de Hospitales Privados), en alianza con la ABSS (Asociación Brasileña de Startups de Salud), muestra que, entre 45 hospitales analizados, más de la mitad ya ha invertido en inteligencia artificial para optimizar procesos y apoyar diagnósticos. Estos resultados son aún más significativos cuando se combinan con la interoperabilidad, que proporciona a las soluciones de IA un historial completo del paciente para decisiones más precisas.
La digitalización en salud, sin embargo, solo alcanza su pleno potencial cuando va acompañada de redes de comunicación robustas, capaces de conectar datos clínicos de manera ágil y segura entre diferentes instituciones. Pero no basta con garantizar la conectividad: es necesario asegurar que estos flujos se produzcan con estabilidad, baja latencia y total confiabilidad.
En este sentido, los sistemas de observabilidad, por ejemplo, se vuelven esenciales, ya que permiten monitorear en tiempo real el desempeño de la infraestructura, identificar cuellos de botella y anticipar fallas, garantizando que la información crítica —desde historias clínicas electrónicas hasta exámenes complejos— esté siempre disponible. Esta combinación de conectividad y visibilidad constituye el cimiento invisible que sostiene la interoperabilidad en salud y hace posibles avances concretos en la calidad de la atención y en la experiencia del paciente.
Estas soluciones tecnológicas prometen acelerar la transformación digital en la salud. El resultado esperado es un sistema más seguro y eficiente, con pacientes que tengan acceso simplificado a sus datos y profesionales con información completa para tomar decisiones clínicas rápidas y precisas, y así seguir salvando y cuidando vidas.